25 mayo 2010

Los vientos enemigos

Por: Pilar Alzamora Del Rosario.




Sinaloa (México) alberga una línea de escritores de cariz simbolista e intimista en los últimos años. Entre los representantes del cuerpo poético sinaloense encontramos a Jaime Labastida, Sergio Elizondo, Gilberto Owen, Lourdes Sánchez y Felipe Mendoza quien inicia su labor poética en los años ochenta.

Felipe Mendoza (Camcho-Sinaloa, 1968) es autor de los poemarios Acertijo de color (1993), Fatiga para una luz (1995), Fruto de soledad (2002) y Los vientos enemigos (2006). Esta última publicación se divide en tres poemas de justa extensión: “El título del día”, “Las páginas manchadas por el lodo” y “Los vientos enemigos”.

En las primeras cuarenta páginas Mendoza construye su unidad poética a través de los esquemas de tiempo- vida efímera y cotidianeidad. Elementos como el calendario, el viejo reloj, las horas y los años, el suicidio y la preñez, moldean sus versos con la intención de darle un tono romántico.

Recurre constantemente a un estado de evocación del yo infantil, del aprendizaje y de la contemplación del tiempo a través del paisaje y contrapone el recuento de dicha memoria con el presente. Aquel yo invoca a un nosotros al lado del poeta, ya que la imagen de soledad que trasmite Mendoza es soledad en/entre todos los hombres frente a finitud de todas las cosas.

La segunda división: “Las páginas manchadas por el lodo” está diseñada horizontalmente, apelando al lector a recordar aquel fin conocido de los inicios vanguardistas. El lenguaje varía en su direccionalidad; abandona el tono restrictivo de algunos versos y desentraña nuevos tópicos sin dispersar en ciertos pasajes la unidad armónica: “un puñal atravesado en la espalda de un niño” (58) o “niño o niña lo que sea pero que joda siempre” (66). Los hijos, la fama y la vejez para la contemplación van resumiéndose dialécticamente en una sucesión armónica que desea obtener el poeta sin dejar las fronteras infantiles. La imposibilidad de hacerlo lo confronta con la angustia.

En la tercera y última división enfatiza las coordenadas temporales inadvertidas en el hombre que no aspira a tratar de corregir el tiempo sino a evitar que éste nos arrastre. En repetidos instantes la mención de ríos y lagos cobrarán importancia en la descripción.

En definitiva, la sensación que nos deja la lectura de Los vientos enemigos es tal vez un evidente y marcado acogimiento de la prosa poética juanramoniana, la re-valoración del ya mencionado paisaje como lo hizo Antonio Machado en Campos de Castilla, y la ideas de vida efímera y fama en la lectura de las coplas manriqueñas. Mendoza recoge, a su vez, la influencia de estos tópicos en Gilberto Owen, poeta que perteneció a la Generación de los contemporáneos en México, y a quien el autor de Los vientos enemigos reconoce como claro modelo.

Se rescata del poemario el enorme intento de cautivar al público lector con una escritura madura que busca la totalidad mediante motivos universales registrados en distintas tradiciones y la reflexión directa sobre la humanidad y la soledad a la que llega todo hombre.



MENDOZA, Felipe. Los vientos enemigos. México: 1ed. Ediciones Sin nombre, 2006.

21 mayo 2010

El alcohol de los estados intermedios de Gladys Mendía

Por: Renatto Gallesse

En El alcohol de los estados intermedios (2009), Gladys Mendía nos representa un panorama de la inquietud a través de la naturaleza en transición, pero no una naturaleza vegetal, sino la naturaleza del ser en su origen y en sus fases. Los motivos de esta transición se desarrollan con formas de voz, de incendio, de cavernas y autopistas que se conectan con los estados finales.

Su poética nos presenta una visión de angustia, una perspectiva que cuestiona a la palabra misma para recrear su significado a partir de una noción de estados intermedios o de nuevas etapas de experiencias. Por ello, en algunos versos se refleja el cuestionamiento del tiempo mismo: “El tiempo está en guerra por violencia pura/ por saberse infinito y libre”; de esta forma la temporalidad está presente pero no altera la funcionalidad de los procesos. Los estados intermedios buscan el cambio a partir del dinamismo de las experiencias, como es el caso del túnel, que simboliza el origen de una nueva noción de ser.

Los límites se organizan como una pauta entre el mediador que se aleja del tiempo y la esencia misma que perdura por la continuidad en la materia. Esta materia se manifiesta en dos formas: en el uso y el desuso mediante el desarrollo de la etapa cambiante, es decir, que el objeto lucha por mantenerse objeto, pero es a su vez atrapado como parte de un proceso inevitable. La independencia de la materia representada por la montaña, la nieve y el mar expresan una desesperación por no sucumbir ante un estado final en el proceso del ser.

Por último, hay que señalar que en El alcohol de los estados intermedios podemos observar, además, la conexión de espacios que se mueven a través de dimensiones disconformes e incompletas con el objetivo de hallar un estado de equilibrio en la esfera del ser y en la esfera del estado intermedio.


MENDÍA GUTIÉRREZ, Gladys Solange. El alcohol de los estados intermedios. San Cristóbal: Ed. El perro y la rana. 2009.