Mostrando entradas con la etiqueta ''Generación del 2000''. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ''Generación del 2000''. Mostrar todas las entradas

02 junio 2010

Alucinado

Por: Armando Alzamora

La reciente aparición del libro Alucinado (Lustra, 2009) del poeta Luis Boceli representa un caso atípico en la poesía peruana de la llamada ‘’Generación del 2000’’. Su lectura nos llevará a plantearnos una primera cuestión ineludible con respecto a sus coetáneos: ¿existen poéticas coherentes que sustenten la práctica escrituraria? Una revisión sin mucho rigor en las publicaciones más significativas de la década delatará una respuesta desalentadora. Sin embargo, ya que existen pocas excepciones, es necesario incluir desde ahora en ese grupo a Luis Boceli.
Alucinado es la segunda publicación de Boceli, pero es preciso acotar que presenta una estrecha relación con su ópera prima Pizzicato Labio (Hipocampo, 2006): una serie de epígrafes sacados de esta última se despliegan a lo largo del libro, en una clara emulación al Martín Adán de Travesía de extramares. Respecto a este punto, también es importante resaltar la presencia del heterónimo Silecob (léase Bocelis) en ciertas citas como una intención del autor por ficcionalizar su identidad.

El libro lo componen catorce poemas; dos de ellos, los primeros, bien pueden considerarse como notas introductorias del corpus. Por ejemplo, el texto inaugural es una dedicatoria sarcástica sin fin protocolar: ‘’Dedico este buffet irónico a mis progenitores, hermanos, amigos, a la flight attendant del cielo asiento número 42 y a la fiel doctora que peina mi alma tropical aunque ya no esté conmigo. (Esto es un libro motorizado, si manejo mal llamar al 997304032 o al 99430013) ''. El segundo poema, intitulado ‘’Manifiesto Alucinado’’, actúa, con su cota de ironía, como un extraño paratexto, pero también como un arte poética: ‘’Porque hasta lo circular tiene sus deformaciones/ Como el Sol que se extingue, por no decir / que se desinfla como los neumáticos’’. El poeta parece, desde el comienzo, soplarnos al oído la irónica inflexión de su lenguaje.

La estrategia de Boceli es partir de la anécdota, del desencanto mordaz de la vida, procreando, a su paso, un discurso por momentos proverbial. Es así como rastreamos los tránsitos de su voz: la transformación paulatina del texto en un objeto estético maduro. El poeta es consciente que el armatoste de su poética es un constante retorno: o al momento crucial o a los detalles simples, impresos u omitidos por la memoria, para recuperarlos e insertarlos en un renovado discurso reflexivo que se mueve en el presente. Dada su movilidad, su discurso poético no es estático, porque sobre la marcha vuelca su mirada sobre el pasado para reactualizarse. Es la manera como Boceli expone sus temas. Vemos por ejemplo, la existencia de una tesis amorosa: el poeta "discrepa de Ovidio", censura su arte, nos canta uno nuevo: "A las mujeres ahora les gusta los lugares públicos, al aire libre". Y en su tesis cabe todavía la posibilidad de un amor elevado, aunque nunca exento de ese hálito hedonista: "Económicamente hablando el amor no es gasto, es inversión:/ Tú das amor para recibir amor./ Saber vender es saber cobrar./ Yo no te cobro por tus servicios, / nos pagamos mutuamente en especies".

Boceli discute la poesía con poesía, "le jala las patillas a su arte", su poética es un cuestionamiento constante de su propia concepción. Por eso este libro es una evolución en comparación con el grueso de su generación; por eso he afirmado al inicio que el poeta forma parte una legión diferente: es dueño de una dicción con sustento, impulsor de una poesía manifestaria e insurrecta (bástenos leer los manifiestos que aparecen en el internet bajo su nombre) que espira coherencia.

La poesía debiera ser un acto de descubrimiento, el acceso a un código develador y prodigioso, o, como diría Huidobro, "el vocablo virgen de todo prejuicio; el verbo creado y creador, la palabra recién nacida". Con Boceli asistimos al cumplimiento de ese precepto; poética y praxis confluyen, como aguas de dos afluentes cercanos, en un mismo caudal. De nosotros depende navegar por sus aguas o dejarnos llevar por las sosas corrientes de la poesía actual.

BOCELI, Luis. Alucinado. Lima: Lustra editores, 2009.

18 noviembre 2009

Otros villanos

Por: Joe Montesinos
Otros villanos es una interesante muestra de la literatura peruana joven actual, además de un importante documento que podrá ser tomado como referente en algunos años, puesto que es una selección de textos inéditos (y que probablemente solo salgan en este libro) y una compilación sesuda y bien elaborada. Otros villanos se divide en dos libros, uno de narrativa y otro de poesía, con textos de las tres primeras promociones de Literatura de la Universidad Nacional Federico Villareal. Una muestra valiosa del arte escrito de dicha casa de estudios. El lector tomará el libro en sus manos y no lo podrá dejar. Una nueva editorial independiente ha tomado interés en esta importante realización: Pájaros en los Cables Editores que se complace en invitar a todos los interesados en la buena literatura a la presentación de los libros OTROS VILLANOS poesía y narrativa, obras en las que se muestran los trabajos de jóvenes escritores destacados como Alessandra Tenorio, Víctor Ruiz, Carlos Saldívar, Joe Montesinos Illesca, Antonio Taboada, Carlos Morales Falcón, Nadeshda Rodríguez, René Llatas Trejo, Ilich Quispe, Jorge Luis Obando, Paola Roncal, entre otros. Dicho evento se realizará el lunes 23 de noviembre a las 7:00 p.m. en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (Calle Colina 398, Miraflores). Nos acompañará en los comentarios, el reconocido escritor, Oswaldo Reynoso y el poeta Ronald Portocarrero. Como ya mencioné, estos libros se recogen textos de 16 poetas y narradores, algunos con libros ya publicados, y otros que aún mantienen sus obras inéditas. Siendo esta muestra, en poesía y narrativa, una importante selección que sin duda (y redundo una vez más en lo ya dicho, pero es que es cierto) será un buen aporte a la literatura actual. También estarán presentes, autoridades de la referida institución y otros invitados de honor. Están todos invitados. El ingreso es libre.

24 diciembre 2008

Un terrado para vislumbrar el miedo

Por: Armando Alzamora


«Poeta: el que trabaja en la explosión del mundo por medio de una imaginación poderosa que penetra en lo desconocido y allí se estrella». La reciente aparición de Terrado de cuervos (Tranvía Editores), de Pablo Salazar Calderón, me hizo repensar en esta aseveración de Hugo Friedrich respecto a la lírica moderna. Poeta, en el caso de Salazar, tal como se puede deducir de su propuesta, es aquél que configura –aunque otros podrán decir que ‘’ordena’’- un mundo desprovisto de luz, cegado acaso por al inconciencia del miedo. Es el juego de las cualidades materiales tergiversadas por el vaho lúgubre del pánico. Literalmente: la premonición de una visión insoportable que el poeta aquí recrea a través de un material verbal todavía incipiente (El pánico en un pañuelo mira el morado del silencio/ Se aferra a tus huesos/ Te atrae a la noche nueva).

El lenguaje en Terrado de cuervos es el primer organizador del caos: dínamo que impulsa la maquinaria de las cosas y su comunión con el cosmos. En esa relación res/verba, encontramos que Salazar confiere a los objetos de su universo cierta naturaleza onírica (‘’autopista blanca’’, ‘’bola de piel’’), como la huella de un escape, porque, tal como afirma Michaux en el epígrafe de la plaquette, es el miedo «que solamente aguarda un alivio para manifestarse». Hay en esa espera algo de trágico, quizás porque detrás de aquella negligencia –existencial, si se quiere- radica el límite último de la esperanza, una herencia que en nuestra cultura es, por lo general, legado del cristianismo (En la cruz/ Que el dedo medio dibujó en la pared/ Sobre mi cama/ Ya no hay tiempo/ Sólo el olor a los huesos sin origen/ Circulando la noticia fantasma). Abolida esa última instancia, no queda ni el alumbramiento de una simulación: es esa manera en la que entiendo los últimos versos de la plaquette: como una mecánica táctil en la que se nos aparece ‘’la vislumbración de lo oculto’’ en medio del marasmo simbólico.

Desde mi parecer, Salazar no logra resarcirse de esa primera influencia juvenil que adolecen los poetas, en su mayoría, al comenzar su recorrido. Sin embargo, lejos de imitar un lenguaje, se intuye una lucha dialéctica entre el poeta y su escritura. Y son pocos quienes salen victoriosos. Para concluir, quiero dejar al lector eso últimos versos sobre los que hice alusión en el párrafo anterior. Saludos desde esta sección.

Apenas las altas gotas del sueño
Lentas
Y gigantes
Contra el empeine de mis abismos.



***

Terrado de cuervo
Pablo Salazar Calderón
Tranvía Editores
2008
16 pp.