Por: Jorge Zagal

Pero el cosmopolitismo no sólo está presente en la geografía del contenido sino en la propia palabra: “On sameness”, “Mandes on the highest building” y “Poem for georg trakl”, poemas escritos en ingles, a excepción de este último donde el español, inglés y alemán se lían entre sí para exponernos un mundo lleno de monotonía que únicamente se acompaña por la soledad y el frío que va recorriendo todo el poema.
El diálogo con la poética de Jorge Eduardo Eielson es totalmente desinhibido, sus formas y sus fondos son sólidos ladrillos del libro para edificar los poemas. En “La guerra”, la prosa de la autora nos cuenta sobre las soledades que ahogan a dos mujeres, una anciana y una joven, la primera sumergida y abrazada por el pasado como su único confort y la segunda atormentada por un presente que comparte con Karl, un alemán que la introduce en un agridulce embrazo y un traumatizado pasado nazi. Así el salmón lucha en todos los versos contra la corriente que, aquí, es el destino.
Un salmón ciego es un poemario con ritmo en la construcción de las palabras e inteligencia y nostalgia cubiertas en sus metáforas. Pero, a pesar de tener un cierto recorrido literario, la autora no logra llegar a una propuesta sólida mediante su voz poética. Su acercamiento a Jorge Eduardo Eielson se convierte en una imagen de una niña que no suelta la mano su padre, pues ahí se siente segura y bien protegida; lo mismo pasa con sus poemas: sólo en algunos soltará la mano del poeta muerto en Milán para intentar expresar su propia voz. Si bien el libro es una montaña rusa, donde a veces se está en la emoción de la cima y la caída, y a veces también se está en el recorrido lineal de la quietud, creo que esta montaña está construida para mantenernos en mayores momentos de efervescencia que de quietud.
WONG KCOMT, Julia. Un salmón ciego. Lima: Borrador Editores, 2009.